LA ROCA DEL TIEMPO

laboratorio digital
proyecto editorial


01 La idea surge de modo natural, decir que se fue realizando resta decirlo, es un proyecto que surgió en el tiempo, que se fue animando según las experimentaciones que llevo a cabo por medio del internet. Empezó como un lugar para colgar mis trabajos en arte y se desarrolló hacia varias disciplinas, se fue ramificando, divergente, adyacente a los diarios de todo ámbito del medio cultural. El proyecto aún está en ciernes, comienza, a pesar de mi insistencia voluntaria que lleva años de recrearse en las peripecias de la red. Creo que la potencialidad que tiene el medio cibernauta, es un vehículo aún sin exploraciones más profundas y que no llega a saberse bien a bien que consideraciones o repercusiones pudiese tener. Es decir, es demasiado reciente para que se vea la magnitud del medio. 

02 La revolución digital que comenzó hace más de dos décadas ahora transforma los espacios en espacios virtuales, los ha democratizado a la vez que los ha descentralizado. Ha tomado un carácter de desbordamiento. La forma de tener experiencias se ha extendido a la privacidad de los espacios singulares de la red. Que se han perdido libertades o limitado los modos de acercarse a las creaciones es una discusión alterna al sentido que tienen los acontecimientos mediáticos que toman día a día mayor fuerza. Cada manifestación ahora se puede llevar a cabo en la distancia ajena, íntima, fugaz o detenida, en todo caso depende del acercamiento de cada usuario, de cada navegante que se interna en el laberinto indescifrable de las visiones de la red. Es una masificación muy parecida al sueño colectivo, tan inconsciente como tal, podría asegurar que casi nadie tiene pleno control de lo que le atañe en la red. Es una experiencia insólita, en cuanto que las aguas del internet son inestables, insondables y negras. A la vez, los que nos dedicamos a establecer una inesperada relación con las nuevas plataformas y distribuimos piezas de arte por estos espacios, hemos cambiado de perspectivas a la hora de concretar nuestras inquietudes, deseos, o visiones. Se abre un campo infinito de experimentación, donde las posibilidades son las posibilidades particulares de un inmenso mar.

03 Antes era inimaginable que como cuando la imprenta, se emanciparan los estatutos preestablecidos que el campo previo había fincado. Se tiene la ilusión de que el tiempo se detiene, se captura y no se metamorfoseará, que los medios se suspenderán eternamente. Antes no se podían volcar tan fácilmente sobre el ambiente los desarrollos que tuviese cada observador y participante de los medios. Se ajustaban a su tiempo, en los medios de su tiempo, sean fotografía radio televisión cine o antes, escultura pintura grabado, etc... Cada ámbito estaba sujeto a sus posibilidades. Ahora cada vez el observador partícipe toma cada vez consciencia de otra situación aislada, lejana o extraña y la vuelve familiar, la apropia y la digiere para someterla otra vez a sus causas singulares. La vida privada está en juego hasta el límite en que cada quien se somete a sus propios límites, cada vez los límites se borran o se vuelven tenues, se disuelven, se tratan de afianzar, a la hora de actuar, publicar, cambiar argumentos o discutir argumentos, ideas. Las formas no han cesado de sucederse unas a otras. Aparentemente la velocidad es mayor, pero la asimilación entra en un detrimento indiscernible. Cada vez se es menos exigente con los contenidos, la calidad mengua, hasta las estrellas brillan por un instante y desaparecen en la reiteraciones de sus recalcitrantes posibilidades.

04 He llevado a cabo este experimento sin la plena consciencia hasta ahora, de que lo que hacía era un proyecto editorial en el que desarrollaba contenidos, que estaban siendo apreciados por espectadores y que se estaba llevando a cabo dicha experiencia en entornos virtuales sin que llegarán a materializarse, por decirlo de algún modo, no sólo era un acto de promoción, porque a fin de cuentas no vendo casi nada de lo que se consume en una mirada deletérea, fugaz y perecedera. Los ámbitos cambian y hacen cambiar los hábitos de los espectadores. De todas maneras el espectador se afirma en sus juicios para no desaparecer en el maremágnum que lo debilita, sumerge y ahoga. Hace un par de años incluso comencé a dilucidar que formatos, como en un aventurado vislumbrar de ciencia ficción, tales como que en el cine se abolirían en cierto punto las salas de proyección cinematográfica. De todos modos, es un arriesgado argumento, porque por así decirlo, la pintura sigue en pie, desarrollándose, encontrando sus escollos, sobreviviendo a la vorágine de los medios. La escritura misma desde los libros es casi desapercibida y aún así halla sus cataclismos para surgir de entre de las cenizas. 

05 Hasta el momento he hecho obras de teatro en línea por medio de personajes que creé en las redes sociales y se manifestaba como un happening virtual, sin que nadie percibiera que era un fraude dichas teatralidades, ficciones. He hecho animaciones con poemas que escribí hace dos décadas para hacer pequeñas películas poemáticas. He realizado pinturas digitales, hechas con medios tradicionales y software. He subido archivo fotográfico y de dibujo en libretas. Estoy empezando a realizar videos para subir a la red y ser apreciados en la red. He escrito y publicado libros en la red de narrativa documental-ficticia. Hago desde siempre experimentación en el crisol imaginario de estos híbridos. El sitio de internet que estoy montado ahora, no contiene aún todo el esfuerzo que he realizado por años, es una tarea un tanto monumental, y desgarradoramente absorbente, e inacabable. Hasta el momento lo he financiado casi por motu propio. Porque, en parte, el proyecto se desenvolvió sin ataduras, exento a críticas, externo a cualquier intervención o decisión que pudiese tener una figura de autoridad que se encargara de someter a juicio el contenido, clausurarlo, censurarlo, o no aprobarlo dentro de los concursos de selección de obra habidos o por haber. De hecho me ha costado en exceso, lo he tenido que sostener solo y a expensas de mi propio tiempo y dedicación. Es una tarea titánica y casi sin retribuciones económicas, es casi un acto suicida porque realmente las satisfacciones que pudiese brindar, simplemente nunca llegan. Sin embargo, el proyecto en línea que he llevado a cabo no dudo de que ha tenido su alcance y eco, sus diatribas, conflictos y aciertos. Es un juego de perpetua expectación. Un deporte por odio y amor al arte.

06 Es cierto que el internet es un acontecimiento que ha venido a trastornar las perspectivas, las orientaciones, a debilitar los elementos fundacionales de la cultura, cada vez otra vez vueltos a erigir, y sobre todo a poner en duda los convencionalismos del arte. Ha hecho temblar los supuestos de permanencia, si no bien el performance o el arte conceptual, o antes la fotografía, et al, escamotearon su existencia y hasta plantearon su exterminio. Por otra parte, no creo ni considero que la pintura muera con cada adelanto tecnológico. Muy por el contrario soy del juicio de que, los cambios engrosan el estupor ante cualquier dilema de la pintura. Es decir, las cavernas siempre serán nuestro testimonio madre, de donde fuimos paridos alguna vez, no sé exactamente si para representar el mundo, sino quizá por lo menos para ser arrojados al complejo estado de perplejidad del espejo que tratamos o de romper o de cifrar. Convertir la realidad en una fracción de nuestra carne. Dirigir nuestro ínfimo destino, y tratar de estipular un puente con el espíritu diáfano e intermitente. Una puesta en escena de locos. Aún así, no veo el derrocamiento de las tradiciones, ni la imposición por completo de percepciones totalitarias. Al contrario, creo que lo que me conmueve del arte es ese estado en el que todo tiembla de emoción por ser veladamente redescubierto.

07 No estoy seguro de ser punta de lanza, ni de estar ante la innovación excelsa, ubico mi práctica como la de un ingeniero asombrado ante la magnificencia de la imprenta o de un aparato fotográfico, de un invento de la reproducción. La era digital desaparecerá como medio, o se transformará, eso no lo sabemos, es impredecible. Toda manifestación es abandonada un día por los seres que resurgen en la inevitable vorágine humana. Mientras eso sucede, seguimos capturando a través del lenguaje ese vértigo que nos sumerge en lo que no podemos retener, en la vida que no es posible congelar y hacer perpetua, en la presa que no es atrapada. Quizá la angustia última sea esa, ante la muerte que acecha o que nos espera paciente, atenta a cada palmo, sin prisa, esa que puede esperar toda una vida para cerrar la mano. El proyecto que planteo es de esa índole, transitorio, fugaz en la permanencia, escurridizo como el agua o el arena. Lo que me interesa es que la cultura como manifestación es transitoria, porque otros nacerán sobre las ruinas que somos, volverán a desafiar el horizonte y se sumergirán como una noche que no sucedió jamás.

08 El proyecto editorial que planteo es una reconversión, es una divisa extraña que surge en los escollos del arte. Porque el arte a fin de cuentas es una moneda dada a otro. Una moneda tirada a aire para el destino incierto de una recomposición en la mirada de otro. No hay una asertividad, no hay una sola forma de hablar del arte. El arte no habla en son de verdades resolutas o absolutas. El arte habla en ese carácter de efímero paso del tiempo, de esa disolvencia que entraña la nostalgia previa al desahucio que produce lo acabado y que entabla una vitalidad constante con sus interlocutores. Una circunstancia constante inconstante. Inacabada.

09 En la práctica el sitio vive de los visitantes. Invisibles, privados, lejanos, inconexos, quizá azarosos. Transeúntes cibernéticos a los cuales no se tiene acceso. Ni siquiera al atisbo de sus comentarios, críticas, diálogos, miradas, comparaciones, suspiros o rabias. Me interesa un proyecto no interactivo, en consonancia con lo que pudiese ser el libro. Por varios motivos. Los circulantes suelen ser de diversas índoles, estratos socio-económicos, diferencias culturales, soterradas opiniones, cargas ideológicas con sus respectivas miopías, prejuicios morales con sus respectivas limitaciones... No deseo tener una figura ídolo-fanático en el que las palomas comen las migajas que deja caer mi caridad, de la cual carezco. Por otra parte, no deseo ser un esclavo del dominio público, de lo que gesta en muchos casos el perverso ignorante y agresivo mundo de las redes, sus insaciables sádicos caprichos. La mayoría de esos sujetos, se encubren en un anonimato que lo protege, que les da permiso de socavar con la violencia más cobarde cualquier proyecto, sin mirar el enorme esfuerzo para que éste se lleve a cabo. Les fascina el linchamiento público, alienta sus morbos. Me interesa el formato del libro, ahora de forma electrónica por su evidente circulación, que puede viajar a través de los servidores, que no tiene estipuladas sus fronteras comerciales, y sobre todo que el lector es libre de abandonar la lectura, si es que se entera de ello. Nunca he detestado más nada que un público cautivo, toda mi vida he satirizado sobre lo burdo que es un público cautivo. El marco de la línea editorial electrónica se está tratando de asentar, con sus asegunes, sus arenas movedizas, sus espejismos. En mi caso soy un proyecto piloto, y me agrada pensar que nunca he salido de estar en vías, porque tampoco deseo llegar a ningún lado. Aún no hago un negocio redondo del caso, lo cual creo que ahuyenta a los públicos en sí, o por lo menos los defrauda, porque el público está ávido de ovacionar lo que sea que se le presente como una promesa del paraíso. Si el proyecto no tiene un éxito comercial o si las autoridades competentes no les indican a qué hora deben aplaudir, devalúan y están listos y prestos para abuchear y sonreír cuando se cuelga al sojuzgado, cuando el culpable tenga la lengua de fuera la cruel familia ríe al unísono. Al proyecto le resta autoridad el que no sea un pretendido éxito comercial. Para que las personas acrediten un éxito de cualquier índole, por lo regular asienten frente a un aval, llámese dinero, figura de autoridad institucional, figura de conocimiento como la Historia, o consignas de causas honorables, legítimas farsas que hacen del interlocutor un héroe digno de hordas de fanáticos, el espectáculo es el sacrificio moderno. Solemos aplaudir a aquel que tiene un dominio sobre las huestes, nos identificamos con dichos triunfos y quisiéramos al menor atisbo usurpar su lugar. Lo lisonjeamos para apuñalarlo en cualquier momento. Por eso no me agrada la maqueta del mundo del arte, no me agrada estar presente, ni nunca me presentaré frente a ningún público esperando a que tropiece. Éste es un proyecto en el que no tengo la obligación de contestar otras preguntas que no sean las que yo me haga. 

10 Lo que no podemos es sentir la traición de lo que nosotros vemos, decimos, pensamos. La agobiante, abrumadora sensación que experimentamos al creer que la fotografía es el medio objetivo, omnipresente, verdadero nos sobrepasa en toda concepción. Asentimos y nos rendimos a los pies de la refracción del registro. No podemos decir que no vemos lo que vemos. Estamos forzados a dar testimonio fiel de lo que vemos, a supeditar cualquier juicio propio. Sostenidos por el documento nos sometemos al discurso de la fotografía, a las líneas y volúmenes que representa, a los sentidos que representan los signos que develamos en nuestra consciencia. Como iluminados por un asombro mortal estamos sujetos a la perspectiva súbita de un encuadre confeccionado por el dedo índice de profesionales o aficionados que decidieron un momento de la infinita realidad inacabada. Nunca he utilizado nada que no estuviera ahí para ser utilizado, sobre procesos de artificio he sido y ejercido una libertad sin obtusas y limítrofes observaciones. Nunca he podido comprender el abyecto conservadurismo de artistas, curadores, manufactureros, críticos, pensadores; diré que no he podido entender sus impedimentos, sus discapacidades múltiples. La estupefacción ante lo incorrecto en las artes, y lo que provocan me es irrisorio, la ilusión del deber en las artes me resulta absurdo. Deba ser lo que se quiera que deba ser, en las artes resulta ridículo. Por tendencia suelo enervar a los tontos, por lo regular suelo excitar a los tontos, animar marionetas de un teatro inédito.

11 la creación de un espacio virtual inexistente, no sólido, etéreo. la iconósfera de un palacio entre las nubes del libro inconsciente. en las argucias del secreto, del silencio, de la estampa difusa, vaporosa, efímera y transcrita. sin origen ni devenir. una letra en el espasmo, en la noche de las noches, perdida entre las sombras de una selva que devora, que espera ser devorada entre las fauces de la noche.

12 según comprendo, no hay transferencia que no sea infiel. nos aferramos al signo como a un manojo de certidumbres manejables por praxis. nunca hubo original ni ha habido réplica, porque simplemente ese el discurso de engaño sea de la nociva estructura de dominio o de una imposición de orden posible, una ilusión de sentido, supeditarse quizá sea una convicción por agotamiento. la convención antídoto de la neurosis por las infinitas derivas. no hay horma de hombre idéntico, ni huella, ni paso, ni ritmo ni pulso igual. nos deleitamos en creer símiles, en simular modelos. me cautiva la fotografía con sus simulacros de verdad y aún más la pintura porque es más perfecta en cuanto a proyección de un inconsciente que nada se compara, es una radiografía del sueño. no hay referente indemne, hay traición, por dolorosa que sea, llámese injusta o desproporcionada.

13 puntos para una posible defensa a la publicación de un libro en línea. (hecho con pereza, arrastrando mis ánimos a un ensayo con la sombra). punto número uno: detesto la publicidad, el libro-sitio en línea carece de publicidad de terceros. punto número treinta y cinco: publico lo que se me da mi entera gana, mi completa voluntad, mi deseo febril. punto número treinta y seis: no acepto-necesito colaboradores. punto número trescientos treinta y tres: como todo libro es posible retirarlo de la vista, abandonarlo. no volverlo a abrir. punto número quinientos dos: no vende, persuade, o seduce de nada. ud. es libre de no estar de acuerdo. cosa que no impide su publicación. cosa que no le impide continuar su lectura. punto número dos mil uno: no es una lectura obligada, eso es un mercachifle. usted está aquí por placer, sano placer o por goce masoquista, eso no me incumbe, ni me interesa. eso nunca lo podré saber. punto número cuatro mil: los textos son pensados y elaborados a mi aire. como editor de la misma publicación no debo conciliar puntos de vista, realizar extensos trámites burocráticos para externar cualquier texto, ni pasar un filtro enorme de verificación, corrección, calificación, corroboración de datos, cotejar apreciaciones, lidiar con un aparato aplastante, ajeno. decido los textos que nacen, cuando llegan a nacer, no necesito juzgar los textos, condenarlos antes de salir, ponerlos en el paredón de los textos para ver si les tiemblan las piernas, para ver si son dignos. tiene sus pros y sus contras, las consecuencias las absorbo con la delicadeza del suspiro. 

14 Hace unos años, salía al cine con unos amigos, se me cruzó en la conversación un ánimo de polemizar. Harán tres años de mi ocurrencia, antes de entrar a la sala, vaticinar el final de las salas de cine. Desaparecerán. Son caras, los espectadores cada vez más irrespetuosos con los otros espectadores, las proyecciones repletas de publicidad miserable. La vida será cada vez de un lujo, cada vez, más privado. Y no está mal, agradezco la privacidad del pensamiento, lo intocable de mi inconsciente. En ese momento, mis amigos me tildaron de loco. En un alumbramiento de ciencia ficción: para apreciar una obra no habrá que ni salir de casa. El libro en tanto obra, estaba desde hace mucho en las casas. Hace unos meses o un año escuchaba a Pedro Almodóvar, al cual admiro, soltar unos chillidos por los nuevos formatos de apreciación. Es como si después del mármol no pudiese haber otro tipo de escultura, y no se debiera ni se pudiera explorar, abrir otros medios. Eso sólo conduce a una idealización de los medios, los cuales no todo lo pueden, a una nostalgia narcisista. A fin de cuentas nosotros también moriremos y nuestra tragedia personal es completamente superflua.

15 Anoche 3 de diciembre de 2017 di lectura de este documento en el SALÓN TEA no. 29 al que fui invitado para presentar el proyecto de La Roca del Tiempo

Preparé un video de 40 minutos, para no aburrirlos buscando imágenes, explicando etc... Las imágenes surgirán de forma caótica como podrán apreciar, tienen una lógica en su orden, en su disposición desordenada.

Soy de formación diseñador gráfico, fotógrafo, ilustrador, y artista visual. Tengo estudios en ello. Escribo. Experimento con los medios tradicionales y pongo a prueba otros medios emergentes, los medios digitales. Siempre me he inclinado por la pintura, y toda imagen bidimensional. Me jacto de tener más de dos décadas de mirar imágenes, de excavar entre los vestigios, de ser un devorador de imágenes. Me apasiona la lectura desde hace veinticinco años. Y el cine, la narrativa audiovisual.

Desde hace alrededor de diez años llevo a cabo mi trabajo en la web. En 2013 terminé una maestría en artes, en la cual el proyecto que llevé a cabo era un libro objeto, el cuaderno negro, y a modo de subsuelo, investigaba los modos de distribución de la obra de arte mediante el internet. Por aquella época, según discernía estaba en boga, si no es que lo sigue estando, la crítica institucional. Con la cual tenía un cierto desacuerdo. Pero, dado que pensaba distinto a la crítica institucional no quería criticar la crítica institucional. Mi modo de estar en desacuerdo, según lo veía, tendría que ir en crear mis propios espacios. Creo que la crítica institucional acaba coptada, asimilada, absorbida por el mismo sistema. Es decir, según veo, se convierten en un teatro institucional. Una representación de lo que critican. Y crean un diálogo de reciprocidad, de complicidad y de préstamos de responsabilidad, acusaciones, y solvencias. Lo cual los beneficia a ambos, y no está mal, pero lo veo lejos de ser una crítica, en una postura y práctica que se planteaba como transgresora. Además me hace falta un poco más de amargura y frustración como para dedicarme a la crítica de la crítica. Ahora, pensé, llevas cuatro años sin salir de tu encierro mediático, ahora te invitan a hablar del proyecto La roca del tiempo. Y llevas todo ese tiempo sin justificar tus actividades, ni rendir cuentas a nadie de lo que haces. ¿De qué vas a hablarle a esta gente? Nunca he estado a favor de explicarle nada a nadie. Imagínense ustedes si frente a una película, teatro, cuadro, fotografía, libro, tuviéramos al autor en nuestra oreja diciéndonos esto lo hice por esto y esto otro lo hice por esto otro. Nada. El libro se retira de la vista y es uno el que tiene que resolverse la reflexión sobre lo que lee. No hay nadie a quien preguntarle. La solapa de los libros tiene una fotografía que más bien parece anónima, desvaída, de un supuesto escritor. Esa es la lectura. El abismo con lo que uno es. Para ser un poco más condescendiente, y explicarlo “todo”, quizá estén otros medios más digeribles, la televisión, más inmediatos, menos cuestionables, o algún tipo de cine, otro tipo de escritos, que sé yo. No el libro.

Hace diez años, encontré a un amigo curador y locutor de radio en el ámbito cultural, que me había invitado a hablar de un proyecto en el radio... pero esa es otra historia... lo que sí es que lo encontré en una muestra, y para mi sorpresa me pregunta que qué estoy haciendo, etcétera... de repente, aparece en mi cabeza decirle que tengo qué decir, cómo decirlo, el tiempo para elaborarlo pero no tengo el espacio para presentarlo. ¡Eureka! una revelación que resplandece. El internet poco a poco se me fue descubriendo y vislumbrando como una herramienta con el potencial, creo, similar al que tuvieron las primeras imprentas hace 500 años. La locura de la reproducción mecánica ahora digital. Si el alma es virtual ahora podría estar al alcance de todos en todo momento. la navegación espiritual de continuo.

Ahora veo como la gente vive más sujeta a un teléfono celular que a nada. Quizá los recursos más rentables ahora sean el automóvil, el celular y la apariencia. Hace años me jactaba de como la gente no importa donde duerma, qué habite, si no donde estuvo qué comió que tan feliz es, y lo comparta.

La experiencia que puede ser utilizada desde cualquier lugar remoto del mundo. Sin tener que entablar incluso un diálogo con el extraño y ajeno mundo. Y no se crea que no lo hice. Antes de La roca del tiempo, hice otros dos proyectos y eran a su modo más interactivos que éste. Pero el internet mismo es un abismo y si bien tuve un conteo de visitas impresionante, popular, la gente es de lo más diverso, incontrolable, y en ciertos casos abyecta. Está desde el reaccionario más conservador que opina con la ligereza de su capricho que te deberían de cortar la cabeza, hasta el potencial homicida por el que quién sabe que fibra sensible le tocaste, con una palabra o una imagen, lo alteraste de tal manera que busca vengarse a través de no sé qué artimañas de su ansiedad inusitada... Lidiar con la angustia ajena es exhaustivo, y en todo caso, no me estaban pagando por ello. Lidiar con la paranoia ajena, si es suficiente con la propia y sí que basta! Atender un sitio interactivo, al que probablemente a nadie le interesa como a ti, es agotador y conduce a la extinción, a la extinción del ánimo para llevarlo a cabo, sobre todo si no es remunerado, si es un acto en solitario y por el placer de hacer. Los usuarios en la comodidad de sus sillones, sus botones que oprimen, pueden exterminar lo que diga nadie o cualquiera, desde la arrogancia de su ignorancia y la crepitación que les produce un celo infundado se convierten en asesinos irrefrenables. Lo más excitante es la violencia, la guerra.

No desistí. Regresé. Le di otra oportunidad a tan magnífico invento. Resistí a mi manera, volví reintegrando casi en su totalidad mi trabajo en La roca del tiempo. Escritos, imágenes, ahora empecé a generar animaciones y videos. La roca del tiempo es una espacio virtual, que no necesariamente convierto a material. Claro que si se vende un cuadro ni modo de negarme. Es raro que venda un cuadro pero si lo llego a vender, lo vendo. Existe quien me lo solicita. Hasta el momento no he desarrollado esa visión comercial, mercadotécnica, apenas estoy desarrollando la idea de galería en línea. De todas maneras, si me hago ilusiones se que tendré que moderarme con dichas ilusiones. Porque las decepciones en el mundo del arte son bárbaras. Salir a flote, si uno supedita su trabajo a la respuesta del público puede también hundir sin duda navíos y los ha hundido, lo he visto, he visto nobles proyectos siendo acribillados por la masa inmensa, despiadada, encubierta en el cobarde anonimato mediático.

El cuaderno negro es el proyecto medular de mi trabajo, es un libro objeto digital. Éste se imprimió gracias a una beca de la UAEM para producir el objeto como tal. Se eligieron dos proyectos de la generación durante la maestría, éste fue uno de ellos. Consta de 57 páginas, de aproximadamente 60x20 cm. Y cada página independiente además tiene un tiraje de 5 ejemplares en gran formato para quien la deseé de 60x1.50 cm. Casi todos mis proyectos tienen esa característica. Los hago para exhibir en línea con posibles salidas tangibles. Desde hace cinco años no elaboro una muestra por lo costoso, lo aparatoso, el desgaste físico anímico, para después salir con números rojos en las ventas, con respecto a la producción. No. Es un tiempo que me prefiero guardar para producir. Hasta el momento subvenciono mi propio trabajo. Desistí de acometer a los concursos de becas, durante doce años lo hice sin obtener absolutamente una bicoca. Puedo lucir que tengo cerca de 60 bocetos de pre-proyectos sólo escritos y no llevados a cabo porque no se obtenían los fondos para realizarse. Renuncié a pelear eso, y también decidí guardarme ese tiempo para producir. De todas formas, de lo que se trataba era de hacer la obra. No de pedirle permiso y dinero a las instituciones para hacer la obra. Pienso que cada época halla su modus vivendi y operandi para subsistir. Para sobrevivir. Simbiótico o parasitario, no le veo una voluntad moral de bueno o malo. A su modo cada organismo lucha por sobrevivir. Yo he tenido que alternar algo que podría calificarse incluso de lujo o de ningún valor en absoluto. Algo en suma paradójico. El arte es caro, por donde se vea. Quién afirme lo contrario miente. Lo bueno cuesta y cuesta caro. No dudo de que haya proyectos muy ingeniosos de bajos recursos, yo mismo subvenciono uno que crece y se mantiene de milagro, pero es caro, me sale caro.

Este sitio fue creado y pensado como libro porque cada lector decide si seguir en la lectura o abandonar el libro. La lectura exige atención, cuidado de sí, voluntad. No creo en las propagandas de lectura, en esas campañas de lectura, porque el libro requiere una pasión, deseo, placer. No hay lectura obligada, eso me suena más a un crimen. Eso es un mercachifle. Aquel que deseé internarse en la lectura necesita un mínimo de interés. Ese interés lo genera en gran medida el lector. La lectura no seduce, no convence, ni atrae, eso es otro mercado, no es un rito persuasivo, una máquina de música alegre. Conozco poca gente que se quede frente a un cuadro siquiera un cuarto de hora, que investigue lo que dice el cuadro que haga una lectura alterna al cuadro, de lo que está fuera del cuadro, lo que se ha dicho. Imagino que en el pasado se quedaban así en una forma de hipnosis como ahora sucede con los mass media. Esa es una curiosidad inherente al lector, hay toda clase de lectores, inclasificables. Por demás sería un atolladero intentar hacer una taxonomía de los lectores. El cuadro no nace sólo para asombrar, el cuadro es una situación insólita, muda. Fuera de este mundo desde el inicio. Llama, pulsa, arroja y deja muchas veces en un extremo de desamparo. En este mismo instante estoy haciendo una lectura de este documento preparado para no olvidar que decir, qué pensé, no errar como en el complejo entramado de mi trabajo. Prefiero la soledad y el silencio a lo que forzosamente tendría que cautivarme, odio sentirme una presa de los deseos de otro artista. Elijo muy bien a que muestra asistir y a qué otra no ver ni los catálogos. Hay libros aterradores que he tenido que abandonar. Por eso el libro, el libro se puede retirar de la vista. Alejarse de lo que somos y vamos a su encuentro con la fuerza que requiere para ir hacia él. Una voluntad propia, un deseo interno, una conmoción sin precedentes. Uno descubre en sí que no hay lectores predilectos, que casi no existen, que no objeten un juicio parcial, miope. Y sin embargo, los que hacemos libros, al saber que ese lector ideal no existe, que es inhallable, lo volvemos a convocar. Nosotros somos lectores antes que descriptores. Como humanos transitamos entre signos que nos arrojan ciertas vertientes, ciertas nociones, y ahí en la transferencia que hacemos de esas lecturas nuestros propios libros. Traicionamos añoramos a nuestros maestros. Quisiéramos ser su respiración, atarnos a su pulso, pero caemos, caemos sin asideros posibles. Y tenemos o no, eso depende de cada lector, de sus condiciones, quizá de un momento, que alzar el vuelo.

Bueno, hasta ahora he expuesto, según yo, los puntos ácidos de esta actividad. Ahora quisiera pasar a un punto áspero del trabajo, cuestiones prácticas. Por lo regular tengo medido el tiempo que me tardo en realizar un cuadro. Estos cuadros, digital-análogos, los realizo en uno o dos meses. Suelo hacer de 12 a 15 cuadros de gran formato por año. Realizo demasiados apuntes al respecto porque ellos me dan pautas sobre lo que voy proyectando a medida que crece cada cuadro. No tengo temas predeterminados, porque he considerado que eso me produce un tedio enorme y nunca llego al sitio pretendido. Las situaciones desencadenan otras vertientes, a veces con unas peculiaridades que no esperaba. Como la página web lo marca son temas, sería creo, vulgar llamarlo así, improvisados o ensayos. Son espontáneas ocurrencias que surgen, ocurrencias inconscientes. Creo que la mayoría de las personas vivimos con tres o cuatro diálogos internos, sólo ponemos atención a lo sumo a uno de ellos. Por pudor, por prisa existencial, por escándalo de lo que podría sugerir el inconsciente a cada persona, este es silenciado por la gran mayoría, la gran mayoría abomina el diálogo con su inconsciente. Son cuadros con los que me voy encontrando, son hallazgos en mitad de recorridos, internos o externos. Trabajo de forma inconsciente, inacabado, bajo el rumor del sueño imperecedero y reciente, me muevo entre la bruma, en las tinieblas a tientas, emigro a cada palmo, soy un nómada sedentario. Trabajo con el uso de palabras escritas e imágenes. El uso de la palabra está dado porque la palabra suscita evocaciones, imágenes que no necesariamente son las mismas en cada lector. Una palabra transporta de forma particular, choca y golpea como una ola en cada consciencia multiforme. En una suerte de hermenéutica singular con la experiencia de cada lector. Por decirlo así, en cambio, las imágenes son circuitos más cerrados, limitados, circunscritos, crípticos. La poesía no contiene todas estas trabas, si se quiere llamarlo así, que tiene la imagen. La imagen guía, pero limita a una orilla a una forma, a un relieve. A veces, esto es circunstancial, no hallo la imagen que me remite a lo que tengo que decir. Uso las palabras, acudo a las palabras.

Las líneas de investigación en mi trabajo, son como cuando uno sale a pescar. Haré una metáfora de la pesca, en este momento. Uno se despierta entre sueños, a la madrugada, teniendo imágenes, una sensación de haber atravesado la noche, la inmensa noche. Una noche infestada de sudores, de anunciaciones. En esa auscultación breve y expandida de la noche, surgen visiones, lo que los místicos llamarían alumbramientos, destellos sin aparente respiro, estrepitosas concatenaciones dispares y caóticas. A veces incluso, no hay explicación para lo que uno sobrevivió durante la vigilia. No hay poder humano de comunicar con enunciados plausibles lo que ocurre en la noche. Sobresaltos de la razón, quizá. Después cuando uno se levanta, está la taza de café, el rostro de una mujer, la arena invencible, el embarco en una aventura aún no descubierta. Un sendero efímero, aún velado. A sobre cubierta cuando el bote se ha puesto en marcha, cuando el hombre solo es meditación de las olas, empieza el juego de la marea, del mecerse frente a las profundidades insondables. Esta ese sendero que se va borrando a medida del transcurso. Uno aún confunde si lo que ve es cierto o sólo es una ficción de sueño en la que se encuentra inmerso, atrapado. ¿Será cierto que desperté? Quizá no tenga otra mejor imagen grabada en la memoria, en el catafalco de la existencia, que los rayos del sol difractados dentro del mar crepuscular. Y después, después ahí se está, a la espera de una señal, del menor vestigio que pudiese representar los engarces de la vida. Se espera, se atiende a esa espera. A veces se regresa con las manos vacías, con un zapato mohoso, con la red de otro pescador, con el solo cadáver de un pescado cercenado por otros depredadores. A veces, si no es que la mayor parte de las veces, se regresa extenuado, con un objeto sin objeto. Y comienzan las preguntas. Las preguntas para las cuales no tengo certezas ni nada claro. Se sostiene la “mercancía” y otra vez hay que intentar “venderla” al mejor postor en el puerto. Oficio de pescadores le llamo. Lo traes y te mira desde su existencia que se extingue. Desde su ahogo abre y cierra la boca como esperando no sé que señal del sol, abre y cierra la boca sin palabras. No sé qué último respiro. No sé qué momento de agonía que acabe con su vida.

No sé, quizá todo esto lo hallen extravagante. Ustedes estaban esperando venir a escuchar un discurso más lógico, coherente, incluso que respondiera a unas expectativas, a unas preguntas. Les diré que así mismo es como yo atiendo esa espera. Nunca nada es lo que se espera. En lo que espero surgen imaginarios, seres ocultos, experiencias atroces o dulces. Que más quisiera mis queridos congéneres que entregarles la carga que esperaban para este día. Oh decepción de decepciones. La ilusión está rota, el navío varado, y la mar no entrega lo que uno busca. Uno atiende a las sirenas, espera ser devorado por la bruma espesa de una mañana clara. Ese es el oficio de pescadores.

El vértigo que produce mi trabajo. Que requiere de una sofisticación para ser observado. Incluso que exige al lector de su parte. Es una de las primicias de este trabajo. No encuentro un desacuerdo tal, que devaluar a las personas entregándoles, bajo innobles fines, una garantía de que verán, lo que están listos para ver. No creo que haya mayor falta de respeto, con respecto a un lector, que subestimarlo. Que regalarle lo evidente. Mi sugerencia a últimas, es la lectura para no ahogarse del tedio, de la angustia, de la nada, del olvido, de la agresión tan cotidiana, tan forzosamente única entrada en este mundo. Propongo una lectura como vía, si se quiere religiosamente, vía de salvación. Toda mi vida no he hecho más que poner atención a lo que presencio. Estar atento por cualquier rastro, el más nimio de los rasgos que sugiere otra cuestión inconclusa, un subsuelo, otro desprendimiento de lo que somos, a final de cuentas... casi nada.

Esta cuestión, abordaré ahora esta cuestión, última: estamos perdidos. Estamos perdidos y buscamos la salida del laberinto de Minos. Tuvimos una suerte de tener una Ariadna que nos entregara los hilos. Tuvimos una suerte de entrar y salir del laberinto, como entramos y salimos del sueño. Estamos perdidos y vueltos a encontrar. Cada noche se arroja una moneda incierta al cielo para ver caer nuestra suerte. La suerte que nos acorrala, la suerte que nos espera y nos aniquila a cada instante, en cada sueño. La cuestión que siempre planteé como divisa un tanto ingenua, un tanto como señuelo e insignia era que buscaba salida. Pero tal vez, como monje zen, avocado a una renuncia perpetua, podría enunciar lo siguiente: no tengo que salir porque no estoy dentro. Minos después del relato breve, es un mito, contra el escándalo de malos augurios. Es un tributo al desconcierto de una suerte. Es un sacrificio al que no nos invitamos.

gif animado