Falsario ©

 

¿He pensado en la verdad? No, nunca he podido cruzarme con ella. Fuera de la naturaleza, miro, y perplejo no puedo conciliar por ningún medio, nada perfecto. Veo máculas, que se reproducen como un germen y comienzan a apoderarse de todo cuanto veo que se ha concebido.

Falsa el alma, falso el cuerpo, falsa la materia corruptible, falso el sueño, falso el destino, falso lo que toco, falso el camino, falso el error, falso lo indefinido, falso lo definido, falso lo cierto, falsa la verdad. 

Toda apariencia y todo secreto es falso. Veo como se engaña casi toda la amplitud de lo dicho y lo hecho. La verdad más coherente no es sino un arbitrio falso. Una decisión tomada es otra sin cumplirse. Lo irreversible del acto, el acto es falso. Bajo esta idea puedo desmentir el sistema más meticulosamente ensamblado, la estructura más hermética se desmorona y desarticula. 

Es falso que esté escribiendo, tú estás leyendo. 

La matemática abstracta se desvanece en el reino de lo concreto, a veces es imposible y siendo imposible deriva, en ser falsa. Una elucubración sostenida por unas reglas invisibles, unas reglas para el que construye la arquitectura de sus sentidos, de sus porqués. 

¿Qué es lo que deseo con esto? ¿Dudar acaso de las verdades, las evidentes, las claras, las comprobadas? Sí, borrar. Porque el juicio no es sino regir una verdad, falsa, erigir un busto falso. En verdad no hay nada que liberar. No hay nada que soltar. Cierro los ojos, y me encuentro no auténtico y tampoco imitación, ni reflejo, no soy idéntico, ni peculiar. 

Idear un álgebra, equivalente, tan profunda, que desmitifique todo silogismo viable. La lógica tiene sentido en quien la enuncia. ¿Cómo saber entonces? 

¿Que si me importa ser inteligible? No, como no me importa la mayoría de lo que a veces llego a comprender. Lo que llego a comprender, pronto me deja de interesar, no me genera ninguna intriga, no va. El mismo misterio me da tedio. 

Una excavación, una línea que hiende la realidad. Algo que fue pronunciado, lo que fue posible no esconde nada. Lo imposible me barre como un émbolo que se trastoca y se separa en dimensiones, donde lo que deslumbra, destella, y ahonda una luz por sobre toda oscuridad.  

Incesante sí, la fuerza sí, el dedo sí. 

Dejo de lado y retorno. 

La idea de que no hallo dilucidación posible. Hay nada, hay espasmo en medio de tanto tedio, de tanta perorata inútil que pretende ser útil. 

No canso mi juego, lo avivo como a un fuego. Falso el ayer, falso el mañana, falso este momento que rasga, que araña el papel: Días y días. Sombras y sólidos intangibles que muestran sus grietas, su MUECA que falsa sonríe. 

Me voy mi amor, tengo que volar, a otro sitio. 

Falso. No me he ido. El amor no viene, ni va. El amor circunda, nunca me olvido, entrecierro mis ojos, sueño, y avanzo a no sé que lugar también falso.

Si esto es falso. ¿Qué es verdad? 

-¿Ud. qué hace?-  

-Yo vendo joyas falsas, no son robadas, son falsas, joyas pulidas.-

-¿Y por qué son falsas? - 

-Por el material, naturalmente. Es estaño, hierro y perfil.-  

-¿Perfil?-

- ¿No habrá querido decir marfil?- 

- No, es perfil. Perfil con que se mira. Ha de saber que estos pedazos de espejo, estos cristales, que emiten una luz, esa luz que ciega. Ciega para ver la verdad de la verdad. Es decir, o sean las cosas su valor falso. 

Lo que hice fue una máquina del tiempo. Evidentemente eso es imposible. No me creen ni en Jail. Volé muy alto. Volé una ruina con dinamita. Volé los valores de un tesoro ancestral y he aquí que el resto es lo que ve. Lo falso de mis propósitos siempre pospuestos. Y todo está contado, cada piedra preciosa, falsa decora y luce en este encimado hogar, en esta fogata, en esta pira. Nunca tuve reparo de saber que lo que estaba haciendo sería o iría a ser tomado por auténtica irremplazable verdad. Nunca supe del futuro, del porvenir. 

Para las letras sólo necesito obstinación y ánimo. Para almacenar mis piedras cordura de relicario. Soy por entera voluntad, el mejor relojero del mundo, el exacto. Desmiembro engranes, me sumerjo en los tiempos muertos, y salgo a la luz, recién parido, vivo y muerto en otro lugar, en otra época, en otra consciencia, en otra concepción…

En algún instante de estas investigaciones, de estos experimentos vagos, inciertos, se me adjudicó el calificativo de anárquico. Me hallo muy distante, podría decir, de este termino. Podría decir, inclusive, que paradójicamente, es el otro extremo del polo el que habito.

Sí, es verdad, que nunca puedo dormir, hasta ver acabado un tiempo. Dormir equivale a soñar. Yo, por mérito propio sueño despierto. La lucidez que eclipsa mis sueños es recurrente DOCTOR.

He aprendido de las sustancias que crean y de la destrucción en esta especie de laboratorio que es mi vida. 

Revisé sus mitos, los mitos de buscar un cáliz o algún tipo de conversión de valores. No le vi objeto alguno. Nunca he querido o deseado un imposible sencillo, real, asequible.  

Lo que me propuse con todas mis hipótesis fue que nunca se cumplieran, que nunca se llegaran a concretar. Toda esta arena que se deshace entre mis dedos no es más que mi vehículo. Cristales, sí, que Ud. ve. Cristales puede ser cierto, pero no es mas que la niebla que pasa, ya se le pasará. No olvide que dije que no iríamos a ningún lugar. Nada es verdad ni mentira sino sólo el cristal con que se mira.  

Falsario se desentrelaza. Son nudos desprendiéndose. Falsario es una cuerda, un recuerdo, un ancla, un r e c u e r d o, una falsa morada inexistente. Falsario es un poema, es prosa, es una divagación, una ironía leve que surca la risa de un transeúnte extraño, distraído en escaparates. Falsario es una piedra, un reloj detenido en la misma hora del olvido, del recuerdo, de otras manos que tocan el espejo y se absorben, se meten, trasminan otro material, es el ocio, redondo ocio. 

Se trasminó el café, no es cierto, el vino sobre tu vestido. Ay, y eso no se quita. La mancha no sale ni con lejía. Dios, ayúdanos a quitar la mácula horrenda sobre todos los vestidos de la menstruación. 

Dios quita y con el diablo se desquita.  Premio y castigo, dos aliados de pesadilla. 

Sueño, te espero temprano. No quiero salir, y que no estés ahí, postrado con tu voz hipnótica, de lelo, de tonto, guiñando un ojo como una señal de que todo no ha sido sino un engaño, un vientre y una explosión orgásmica. 

Falso porque preferí no ser, a ser. Puertas , puertas, abran las puertas. Las ventanas déjenlas cerradas. 

Falsas las aves y flores de utilería y ese sucio telón que abre la noche al día. 

Falso el maquillaje de mis actores, los que soy, del argumento de una obra que jamás existió. Falso el terciopelo de un traje invisible del que todos ríen y yo no me entero. Falsas las risas del público, falso su llanto, en la medianía de que no sucede absolutamente nada en este escenario falso, ni sucedió, ni sucederá jamás. Ilusiones de un mismo espectro, fantasmagorías, de un mismo fenómeno apenas perceptible por la gracia, por la espontánea hilarante ridiculez absurda de una ocurrencia congelada, inmortal, serena, y soberbia. La realidad le da una bofetada para que recoja sus palabras. 

¿Qué tengo que hacer para no sólo tener que creerlo yo, sino tú? ¿Qué lance rotundo y mordaz debo al destino para decirte que creas? Todo el tiempo creas. No hay momento en el que no haya pensado, o premeditado que lo que hacía era una máquina del tiempo. He ahí el invento del que sueño. Rebatiblemente este escrito comienza a delirar, si no es que su temperamento y el crédito que podamos dar, empieza a menguar. Sueño frente a la luz de todos los cristales, me embeleso del encantamiento de las flores al lado del camino. Desperté y creí seguir dormido, sueño despierto, sueño que sueño. Me confundo en agradables ensoñaciones. No sé como empecé, vuelvo de la oscuridad que atravesé en la noche, respiro y me ahogo en un espasmo.

Prefiero no saber las mas de la veces. Considero que casi todo a estos días es falso. Falsa la vida, falso el amor, falsa la muerte. Quizá viva por siempre y me han engañado. ¿Por qué no me dan las llaves de la realidad ahora?

Me pongo un traje de piel y no siento, tengo una templanza uniforme, y soy el actor y el escritor y el que dibuja, pero tampoco me sació y no soy todo eso. 

Deseo pasión, deseo a la vez no desear, dejar de arrojarme en mis impulsos, detener este espíritu, domarlo, mi bestia inútil, deseo cabalgar con bríos e ir entre el fuego que provoca el rayo. Rayos y centellas, pensamientos, y es como si la bóveda celeste se iluminara de ideas esporádicas, instantáneas. Ideas que son capaces de partir un hermoso árbol de siglos. ¿Cómo es que te condenaría así el cielo, árbol? 

Estrellas lejanas, hojas de árbol, ojos de animales. Sol. Y esta brizna que resuella, la ráfaga agitando flores, tocando mis oídos, aleteo. 

Percibo y no me puedo desengañar de lo que se me presenta. ¿Cómo un actor voy hueco y todo me toma, muñeco de trapo? 

Resplandece, brilla, la luz que dora esos prados y florestas. Todo es felicidad y canción de colores, y a pesar de ello, mi tragedia es no sentir nada, ni bueno ni malo, ni nada de nada. Porque el drama bien querría ser tragedia. 

Sólo soy lo blanquísimo del papel, ninguna escritura jamás traducirá ningún…

No puedo hablar, de repente, o la mayoría del tiempo, no puedo expresar. Juego a levantar esta pluma, a moverla inquieta, a que produzca una leve sonrisa, y una mirada que se levante y que mire en derredor y que me diga sin poder decirme que hay allá. 

Imposibles sueños, transportes imaginados, orígenes locos.

Estallidos, lapsos erráticos, cromáticos, lapsos rituales virtuales. 

Perseguir es sufrir, esperar es sufrir. Desear como un momento previo a saber que he de fracasar, que he de saber que nunca llegaré, sólo desear hasta que me canse. 

Veo llover en la noche que se agita en el viento, las ventanas se ven golpeadas, y escurren las gotas diminutas de agua. No alcanzo a ver nada. Construir algo dentro del mundo de la ficción para después destruirlo en un soplo. Falso a cada montículo de arena que he moldeado, con la manos de antaño, las manos infantiles. Falso es lo que erijo y la tormenta me desintegra cada palmo de lo que levanté en el día. Alzar para derrumbar. 

Sueño que soy un ave que nace en un nido en lo alto de una montaña. Veo hacia abajo y no comprendo que soy un ave y que puedo dominar desde arriba, esa altura, que extiendo las alas, que esa magnitud es peligrosa, que corro el riesgo ahora, que he nacido porque no sé volar y volaré aún así. Todo esto es falso. ¿Qué te puedo decir? Nada. 

¿Qué son estos días? ¿Que son estos días? ¿Qué son estos soles verdáceos de tu mente?  Sube y restalla el astro, y el sopor del calor asfixia. ¿Dónde dejé mi cabeza? ¿Alguien la ha visto? Una vieja ríe con sorna, sus dientes descuajados, sus ojos virulos, la mirada desorbitada, la mirada desviada te mira. 

-¿Piensas que estoy muerto ahora?-

-No, yo no dije eso.-

-Si nunca he estado más vivo que ahora. Es que tu gesto, hay algo en tu boca, que me dice, que piensas algo que no piensas decir. Porque te apena ser sincero. Porque prefieres una mentira, que al final sabes, es compartida. Porque al final, sabes que leí el tono de tu voz. Y alcancé a ver cómo es que palpita tu corazón. Tu corazón que desatiende a tu mente que se desboca loca de atreverse a verme.- 

Otra vez no estoy aquí. Volví a cometer la intromisión de verte en una imagen, donde no estás, ni estarás, ni nunca jamás serás. Otra vez volví a ver entre sueños que existía mi bella mentira. Mi consentida mentira, la preferida. Mi suave, dulce, cálida mentira. Mi por siempre prometida, poseída, mentira. 

¿Sabes acaso que no me importa de lo que hablas? Espero que no te importe que no me importa. Qué no tengo ni un poco de interés que darte. Espero no te ofendas. Como así no aspiro a que te interese lo que digo. Al final si vienes o vas, es un parloteo que disfruto como un sonido. Un parloteo en un atardecer en medio de un parque español, lleno de loros y semillas de girasol que se me caen de la boca, por torpeza, y los loros que son unos vivos, las comen y repiten y repiten su libreto de tantas historias prestadas entre sí. 

¿Y el aliento? ¿Y la vida que me levanta y sacude? No, de esa nada. 

Y te prestan otra trama en el televisor o en el cine. Espías estupideces en el monitor. Magnífico mirón. 

Bah, no me agradó su escultura o lo que sea señor. La ilusión óptica para infantes y toda esa utilería que bien pudo haber venido en una caja de cereal, no me hace sino bostezar. Esto, a otro hombre le costó la vida. A Ud.. sólo una putiza. Si le soy enteramente sincero, le diría, que siga haciéndolo, la vanagloria, su ostentosa mujer, la estupidez de los que observan y no ven nada, todo bien, pasa perfectamente desapercibido. Hágalo por el resto de la eternidad, como una programación perfecta, y absoluta. Ruin como la supuesta existencia del señor. Otra exposición de arte pulcra, otra exposición higiénica. Me produce tanto asco, la hipocresía de la caca. Todo limpio otra vez, la misma caca otra vez, coartada. La misma podredumbre exactamente cortada. Al rey le fascina. Todas las imágenes desvaídas, perdidas de la calle son mil veces…

¿Te he dicho que se me aparece un ángel negro de vez en cuando? Es un esqueleto blanco, famélico, huesos descompuestos, renguea si lo haces caminar. Sus huesos cloquean, unas alas largas, abiertas, de cisne. Y se le escurre un coloide, como petróleo, grasiento y caro como caviar. Sí, un ángel maldito y desgraciado. Sí, también él es falso, como los fantasmas de tu carácter. 

¿Desastres? Quisiera hablar contigo, pero no puedo. Mi voz se apaga cuando estoy frente a ti, tus ojos me preguntan, haciéndote la interesante. Y me quedo de piedra, porque no soy como tú. No soy buen actor. Ni puedo fingir o intentarlo o montarme una máscara articulada, tan maleable como tu rostro. Mi máscara es pétrea, una carátula, la fachada de un edificio ridículo ante el espejo. 

Sí, tengo consciencia de que es falsa la consciencia. Tú no. Por eso todavía te mueves y animas, y nada de este teatro macabro te espanta. La simplicidad de tus palabras ni te rozan. Porque quizás vives en la cúspide de ninguna parte. 

Vives en un limbo, pero de verdad, que no te hallo mucha diferencia con una palmera: Y es bella. No te ofendas. Una bella palmera que decora el mundo, con cocos y todo. Imagínate tiene la fortuna de tener frutos tropicales que dentro tienen una leche espesa deliciosa. Y en tu copa viven las serpientes venenosas. que de vez en cuando matan a un nativo, y así…

El problema es que sabes bastante y no sabes nada. El problema es que le pusiste mucha atención y le diste demasiada importancia y a la vez nada, porque ni siquiera te destrozó el corazón. Sólo viste todo lo que no puedes ser, todo lo que no pudiste tener, toda la envidia y ambición que te daba el maquillaje falso. Y falso anhelaste ser la prostituta, que nunca pudiste ser, por vergüenza o miedo o tedio. Mala suerte la tuya. 

Todo se perdió ahí, en ese mísero, no puede ser. Y tu maldita expresión de: está increíble. Es como para darte una patada en la cola y mandarte a dormir porque estás muy adolescente. Y hay asuntos que tu ignorancia, tu animalidad intrínseca, ese instinto burdo, jamás podrá comprender. Y no está mal. Pero ya es hora de dormir. Porque el sueño es dado a los que desconocimos a dios y a los dioses los nombramos, porque somos, no estamos deseando ser. 

Mala fortuna. Quiero decirte que no eres inmortal. No eres ni polvo, el polvo te consentiría. Eres, eres, yo qué sé que eres. Si tú no sabes que eres, menos lo sabré yo. 

Lo que te puedo decir, es que has estado toda tu vida al filo de tu muerte, y ni así has volteado, v o l t e a d o. 

Todo es reflejo de una alma. No he tenido aspiraciones, no anhelo, ni añoro, no ambiciono, he soltado la posibilidad de sentir una nostalgia, no deseo, soy libre. 

Me acerco lo pertinente, me acerco a lo que eres, que desconozco, con prudencia. Si fueses una naturaleza muerta, serías más sencillo de estudiar. A veces tu ponzoña se disfraza tan bien. A veces, tu fiereza, me quiere estrangular. Hay un asesino serial a la vuelta de la esquina, esa esquina que es ángulo de otro mundo, porque a la vuelta… nada sé que sé. 

Vamos a cambiar. Quizás con lo que hago destrozo el alma de algún hombre. Quizás su vida. ¿Cómo es que se me ocurre hacer lo que hago? ¿Cómo? Cada vez que escribo hombre me suena en el interior a: hambre. Pobre insatisfacción la de los hombres. 

No soy sino el que me imagino que soy. En mi propia prisión, feliz o triste. En este pantano anegado y desolado, en que vuela la libélula y la orquídea se airea. Porque es igual de probable que me salve o no. Sin dios y con tanto frío. 

Y si he de decirte que puede que por lo que hago me odien. Ese odio que es falso, porque a la vez, nada o poco saben de mí. Es cosa que se imaginan, creo. Y creo todo el tiempo. Porque todo hombre es suelo fértil. Son las veces en que sólo regar con agua y sol, solas, brotan las semillas en los hombres, en sus hambres, de sus hembras. No te fijes demasiado cuando digo. Al final, las mas de las veces es su naturaleza, en medio de la monotonía, que hace que secreten sus venenos.  Es su naturaleza de serpientes. 

Y si te dijera que yo no soy yo. Que soy otro. Que cada vez que escucho en mi interior, me toca una voz que no es mía. Que es la voz, el sonido, de mi casa en un eco prolongado, que contiene y distiende todo el Universo. Todo está contado. Sólo hay un contador, en la matemática del lenguaje. Un febril, insólito, leve, y fugaz lápiz que se mueve, carbónico. 

Y si te digo que escribir es mi narcótico, mi medicina. Porque todos son dependientes a sus afectos predilectos, y sin discernir, eligen, en materia inconscientes y privilegian unas emociones por otras, han de tener motivos. Yo no los tengo. 

Porque al final, el pensamiento es falso, pasajero, como este viento y la llama que se agita. Estoy hecho de cenizas, recuérdalo, cenizas que son un pasado, algo acabado. Hoy soy quien no fui, quien no seré, sólo imaginado, solo, solo, solo, unánime, hecho de una sola pieza resquebrajada. 

Nunca suplico, nunca ruego, nunca, y obstinado nunca santifico, no pido nada de lo que podría tener. Me alejo y no batallo con la belleza de ese pavorreal, que se contonea y es multicolor. No compito con ningún depredador de los jardines de su alteza. Lo veo y no me orillo a sus aguas. Sus ojos entre la maleza me siguen, entre las ramas, lo huelo, y me sé humilde inferior de las bestias. Me escabullo, me las hallo. Vine a servirte, caimán, que apacible te escondes y en ti no hay temor. Vine a ofrecerte este corazón. En mi casa hay seis gallinas, te las doy, las crío por sus huevos que valen en peso lo que los tuyos, aquellos que entre el paraje guardas con celo y tal vez, rencor. Te doy mis gallinas a cambio de tu piel tornasol.  

Si supieras que mis estrellas danzan la noche, me sorprenderías al verte bailar mi triste canción. 

¿Sabes? En mí, todo es falso, desde la frente hasta este sucio corazón. 

Sí, sí, te van a juzgar cuando entres en ese reino. Sí, sí, les atrae la apariencia desgarbada de tus ropas, y lo poco arreglado que vienes para la ocasión. Te juzgarán libre, y eso empobrece al reino. Eso hace más miserable a los miserables. Te odiaran por las voces que traes. Detestarán que solo te pares y no te arrodilles a los pies del señor, que cuando se te ofrezca una silla la desprecies. Escupirán mientras hables. Hablarán a tus espaldas. Blasfemarán en nombre de dios, tu nombre. Querrán obligarte a una de sus tareas inmundas. Reirán burlando tus días efímeros y fugitivos. Temerán cuando no contestes su infamia. Cobardes, inventarán tu silencio, lo interpretarán con su ponzoña. Desconfía de esas hambres, de esas miserias. Leen el fuego. 

Todo es silencio. Todo es silencio, todo es canción. Triste suerte la del que no puede entregarle a su alma una canción. Tiempo, haré tiempo. Herrajes para mi casa haré. Haré ventanas para mi casa, haré puertas para ella. Para ella haré. 

 

 

02

Y es bueno que vengan las lluvias a lavar toda la calle que se queda sola. Esa calle que es inhóspita por las madrugadas. 

Si viera usted que amables y cariñosos son en el manicomio. El enfermo mental aquel se mira muy respetuoso. Se ha salpicado distraídamente su camisa elegante. Parece un emperador destituido. Se alejo del castillo. Él me relató que vino aquí tras un largo recorrido, por dos piedras absurdas que son sus hermanas. Dos piedras que lo manejan. A diario cambia sus camisas faroleadas por las sopas, a diario se le cae la comida a nuestro recio emperador. Apenas come, lento, porque tiene unos dientes sensibles, negros, y si uno se para a conversar con él, de las fauces se le despide un olor sutil y penetrante que hiede. 

No se fije tanto en su aspecto. Él, él es un doctor, el director de esta orquesta de locos. Se retiró a estos placenteros lugares, porque sus piedras se descontentaron del sonido de sus melodías, de sus chasquidos. ¿Alcanza usted a ver la batuta que carga a todos lados que va? Es un rey jubilado. Un muerto para sus rocas.

 

Despojado e irreal, vago por entre los escollos de esta ciudad. Aturdido por dentro, con un dolor, me ven pasar y no figuran que dentro llevo un monstruo. Que guardo un enigma sincero. 

 

Usted se ha fijado en ese tren de vapor que se asoma en la vitrina de esa tienda de antigüedades. Voltea, y pregunta si es que da marcha. Sí, sí, avanza, contesta el viejo detrás del mostrador. Inmediatamente, voltea a ver esa bola de cristal. ¿Adivina el futuro? Ya lo sabe, así es. Voltea a ver un espejo, y es un cuadro inexplicable el que se le ha modelado. ¿Dificultad para hablar con el espejo?  Se pregunta el que ve del otro lado. Insignificancias para merodear por las lindes del río que nos separan. 

-Usted traía un amor falso.-

-Sí, el de mi barco, mi barco que perdido está.-

-¿Sabe? La escala de la tragedia nunca será verdad. No hay magnitud de comparación entre una tragedia y otra. Lo suyo, tal vez, sólo sean unos papeles al viento. Y de ahí, a que se convierta en un hondo penar… es cosa muy distinta. -

- Sí, nunca he pretendido que estos simples complejos de novia de pueblo abandonada figuren en una constelación mayor. Mi fracaso es íntimo y personal. Mis traumas son de panal atareado y abeja desterrada a las flores de un jardín primaveral. 

-¿Usted sabe de la aflicción de un Imperio al verse derrotado?¿El dolor de una patria aplastada?-

-Tal vez, sólo el fango de mi carácter, su ruin imposibilidad de dar frutos. Frutos afines a la magnánima lengua del verdadero poeta. Al poeta cuya lengua es su patria y no tiene igual. Al que su lengua no es exilio, sino sólo sino, sino sólo sino.-

-Los altos previeron el caos del devenir y con virtudes lograron entrar en la inamovible permanencia de la deriva. Con astucia y destreza se puede vencer. Excepto al tiempo, mi dedicado aprendiz. Nadie a conseguido salir de la intangible gruta, radiante e iluminada, ilusoria del tiempo.-

Mis propósitos muertos, todos en esta carta que revolotea como mariposa, en un jardín sereno de voces, todo te lo doy, no deseo ni siquiera que se me llame generoso. Detesto la caridad de su templo abusivo mi despreciable anciano dador de mendrugos al débil. Usted que se deshace en su poder nimio sobre sus huestes, a las que provee de migajas, palomas que se abalanzan ante su falsa TEMPLANZA. Santo engullidor de almas, hojas sueltas, nada me provoca. 

 

Todos los días, temprano, sin ser el sol, resplandece mi sueño, inútil me mira, inquieto, leve, figurilla de barro con la que juega su hijo el destino. Pobre hombre, se oye exclamar, a su mujer. Y él me ha jubilado de su empresa. Por suerte, no he podido hallar la confusa realidad como única e irremplazable. Por suerte, no llevo su signo, ni otro en la frente. Por suerte, fuera de sus parámetros, fuera de las estrellas, nos vemos contemplando, inmaculados, indecisos hasta de nuestra existencia. 

 

A esta hora en que la tarde es un ocaso de aves.

 

Y ya lo sabe de mí, nunca hay que humillar a un amigo. 

Tomo pastillas para dormir, pastillas para la psique, pastillas, pastillas, pastillas. Todos los días de mi vida están plagados de pastillas. ¿Por qué he de sentir? No siento con tantas pastillas, nada de dolor, ni de desprecio en el que ahogar mi amarga noche. ¿Indiferencia?  No, no he podido. Nunca he podido dejar de sentirte, porque no soy yo. Porque soy tú y aquel y el otro y otro y otro. Respiras, y respiro el mismo aire, probablemente, varias veces he sido tú o soy tú, sin que me hayas podido ver. Me pongo tus ropas, y tu aliento y me animo a danzar entre lo que hago. Soy tú, el árbol de este papel, la casa, el gato, la planta, el pez. Soy una roca que cae y se vuelve polvo, soy un cristal que cae y se hace añicos. Soy esa ruidosa y sucia, mísera calle. No soy el poeta que dice soy sangre. El poeta alzó la voz, bebió, saltaron por él diez, quince, veinte hombres y ninguno pudo con él, no se cayó, no se calló nunca. 

 

Me precipito y caigo con esa lluvia que moja la cara y la ropa interior. Soy agua que corre, viento que sopla, el que no tuvo voz para hablar.

Soy el desprestigio de su esplendor.

 

03

En la sociedad del fracaso, la corruptela y la envidia que es lo de todos los días. Sin excepción, día a día, aparece frente a ti lo que siempre anhelas y nunca podrás conseguir. Vaya, vaya, que lindo que dan esa modelo a desear. Y hay hordas que se bambolean entre el tráfico y contonean entre ese rostro de papel que mira y vigila. Nadie saldrá de la frustrante ciudad, reja del anuncio. Aquí vivimos y nos pudrimos todos juntos, veremos como se arrancia la modelo, y todos seremos en derredor la mentira de la gloria de dios. Hay que matar el sueño, matarlo, pongan la cereza del gran pastel de mierda, matarlo, matarlo, se oye un coro. 

 

En la sorpresa de hallarme callado en medio de la mansión de los suspiros. Porque mi vocación es de espacios cerrados. Lo que nunca tuve nunca lo tendré. Al final es sólo este parapeto, esta fachada sobrepuesta al iluminado interior de mis propiedades. Esta es mi canción del esclavo, esclavo de sus deseos nunca satisfechos. Alguna vez  quise tener. Querer es no tener. 

 

Yazgo perdido, sin rumbo fijo. Tuve muchos propósitos, hoy todos muertos. 

 

Los perros ladran al anochecer, creo que se confunden, el ruido los ahuyenta y amedrenta. Me hallo inquieto sin saber por qué. 

 

¿Sin dios, y la mentira de la consciencia, que nos queda? No hay mucho que decir, nos queda la ruina de una farsa incomprendida. Nos queda persistir en la fuerza de nuestras fantasías, de nuestras ficciones. ¿Qué acaso es tan difícil ver que no es mas que nuestra esquizofrenia, nuestra confusa lengua ajena que se zarandea contra el pedestal sin gloria? Nuestra lengua que se agita, nuestras letras que se convulsionan, que se… en un espasmo. Es la palabra que se extirpa como una protuberancia informe, un tumor, que bulle y escandaliza. Putrefacto aliento, nítido veraz, mordaz, aliento. Fiera. 

Mi mentira es la de otro hombre, otros hombres que vuelan, en un sueño incendiado por las voces. Es un sueño y una vigilia que estalla por los cielos. Inconexa. Automática. ¿Quién lee? Si es que lee. 

Sueños, sueños, la vida está plagada de ellos. He sido varias vidas, soy un teatro hueco en el que los actores salieron a tomar un descanso porque el director lloró, y su llanto lejanísimo ahogo toda posibilidad. Mentiras vengan a mí, idiotas mentiras.

 

04

He vivido en muchos lugares. Como quien pasa por el frente sin preocuparse demasiado por los asuntos ordinarios. O no me he preocupado casi nada o son una verdadera angustia. ¿Por qué me debería de angustiar por algo? Me angustio pero es una duda, un desconcierto fisiológico, un dolor de vísceras cuando tomo café a deshoras, con despropósitos. En el ocaso o en la noche. 

Si lo hago así, mi doctor, el que llevo dentro, se exalta y me perturba al grado de no dejarme dormir. Exhala exangüe. Hice mal doctor de mi consciencia. Me persiguen tus leyes y no hallo mi cansancio. Se podría decir que no oigo a mi cuerpo. Nada. 

Hoy veré a la mujer desconocida. A ver que tal va… La desconocida. ¿No te he hablado de ella? Ella es… No sé quién es. Y no deseo escribir de ello. Para ella…

Porque los días pasan aquí sobre la vida. Y fue un placer el ver el mar. Fue un placer la quietud de la oscuridad. Haber venido a la tierra, cuando el sol salía, ese sol que moja y todos están empapados de luz. Fue hermoso. ¿Por qué hablo en pasado? Como si hiciera mi testamento. ¿Por qué póstumo? Lo que más miedo me da, es tal vez, mi voz. La escucho desde dentro y es la voz de otra persona ajena a la que no reconozco, ajena a lo que siento, ajena. ¿A lo que soy? Porque no me hallo. Tocan al timbre de mi casa y no me hallo. Soy lo que pasó y no pasó. No pasé al frente cuando dijeron mi nombre, no fui fusilado, no fui amado y tal vez… No fui. 

Soy mentiras. Tantas he sido. Colecciono mentiras. La primera vez que vi una vagina era una flor, una flor entreabierta. Escribo todas mis emociones. 

La guerra me afecta al grado de que me mata. Estoy muerto, estoy muerto. En esta humanidad sin sentido, estoy muerto. 

Ese perrito de esa familia que han salido de día de campo… Perrito ladrador, quisiera patearlo y que me persiguiera toda la familia, pilar de la sociedad.  

Desnudar el alma, sí, sí, le quito su atuendo y volteo el interior, sí, sí, sí. 

Y sintió que la guerra lo mataba y no había trinco en ningún bando, ni en la victoria de los estúpidos. 

Quiero volver a verte, no puedo vivir, todos los instantes tanto, que sólo quisiera sentir que eres feliz porque se estrechan nuestras manos y verte sonreír. 

"Todo está permitido en el arte"- Hasta que te quedas solo porque el vicepresidente de sus consciencias económicas se exalta y te manda matar porque tu sombra le dolía a su esposa y a él. ¿Le dolía a él tu sombra? Sí, la mando retirar. 

El día que todos se callan por la masacre, en ese minuto de silencio infame, yo hago arte, sólo en ese minuto, que es todo el tiempo. Lo demás, es vida y muerte, cruel muerte de los asesinos, deseo su muerte asesinos, homicidas. Así hago arte de la muerte que es la vida. A los homicidas una muerte lenta, pavorosa, de pesadilla, una muerte agónica, que los tome por sorpresa, aturdidos, con los ojos abiertos de par en par. Que los coja lentos, avezados, creídos. 

Que la naturaleza se trague todo lo de los hombres, no lo soporto. Y golpeo con este martillo un clavo que entra en esta puerta. Tapo el ojo que me espía. 

Presentí el fraude de las cosas, un día, hace mucho, no recuerdo. Vi que todo, así, de facto, era de cartón. Me falta la respiración para decirlo. Que todo está sobrepuesto, a algo que habla y que se dice, como un salvaje educado, que me hace vomitar. Los sentimientos de una persona, por poner un caso, están encubiertos por unos gestos esporádicos que fingen, ficticios, creados, que me hacen vomitar. Que se modulan vacíos. Me dan nauseas sus pensamientos, los que veo unidos a sus emociones en sus ojos vehementes, dispares, enloquecidos. 

El que escucha encuentra la calma. Estoy sentado escuchando hasta el infinito. Desde lo más cercano hasta esos ruidos lejanos, de otras vidas, es una orquesta. 

Aligeré mi peso. Me dolía una vieja cicatriz de una humillación sufrida. Se entre abre de vez en cuando y tiene dientes que me laceran las vísceras, y se me asoman unas lágrimas. 

Si tuviera que destruir, lo que haría sería destruir los puentes de tus dizque inocentes preguntas, tus preguntas perversas, mórbidas. Las injurias de tu pretendida moral. Porque lo que veo es un fraude mortal. Toda mortandad destruiría, destruiría los valores de los dioses, porque son un invento vano, porque es una mentira, una maquinita de respuestas. Prefiero la compasión de mis soledades. Ver que crecen las plantas de este lado del río en desorden, y revolotean los insectos en el sopor del día. Destruyo mis puentes, de tus intereses pútridos. Mete la nariz en otro culo.  

El fraude y la impostura. ¿Cómo puede haber un arte limpio cuando todo se ha revolcado de sangre, cuando todo es una mierda? ¿Para qué hacer una arte pulcro e higiénico, cuando lo que reina es la discordia? ¿Para qué disfrazar con armonías sucios bastardos? ¿Cómo, si lo que celebran es la codicia y el imperio de las hipocresías? Es una arte del imperio lo que me… no creo en nada malditos. Ni en la democracia, ni en los dioses impostores. A lo mejor me destruya la fe que es una masa fanática y atroz, de cualquier bando de hipnóticas voces de muertos vivientes. Hay nada. Hay caos y mi nave inaudita que surca. Hay nada y esta suerte de viento otoñal arrastrando las hojas sueltas. Un ocaso que es una paz.

Las flores serán para mis tumbas que son tantas, porque he tenido cientos, quizás miles de tumbas. La ira me posee y escribo su pasión, porque sino me mataría, para matarlo todo. Para acabar con el enemigo, sólo hay que matarlo dentro. Una muerte lenta y agónica. Una negación de sus valores, de sus voces, un silencio, sobrepuesto a esta luz que entra, luz suave, clara luz.       

Otro asunto. Digo mentiras. Tengo un texto que un día te leeré de viva voz. En el que explico porque es importante decir mentiras, porque la realidad es fea, porque la realidad nadie la merece vivir, sea quien sea. Y a diario todos nos mentimos, pero, son mentiras feas, espantosas, realidades horribles y nos mentimos porque sino no las podríamos soportar. Por eso es importante aprender a mentir, porque si mientes de verdad, entonces no serás callado nunca.

 

05

Llegó a su casa y rompió todos los moldes de sus hermosas vasijas. Escupió a sus heridas y volvió a formar en un devaneo preciso… lo que nunca antes se le había presentado: el fenómeno. 

Pensé que diseminar todas las rutas concebidas con más verdades no era sino lo inútil de nuestras experiencias. Las calles y sus imágenes diáfanas, extrañas, sus ruidos raros, ajenos, sordos. Sí, destruir los vidrios de las casas abandonadas, eso hice cuando niño, estrellar y deleitarme con ese sonido. Husmear entre los rescoldos, espiar y tener aventuras de cuentos, de historias. Porque todo cuenta una historia, casi todo, revela bajo sus formas una entraña. 

Mis investigaciones, son eso, un ver las vísceras y las voces que emanan todas las cosas, no hay secretos. Un hurgar entre los escombros de la tierra, morder y soltar para que se sacien las bestias de instintos. Este escrito profana muertes. Resuma y exhala entre las ruinas. Los ojos debajo de esa roca que levanto y salen los, miles de cientos de millones de insectos, espantados por la luz, ojos. Todo huye y se protege. La vida se guarda y aprecia con valor. ¿Lo que vale la pena? Nada, excepto la vida. La que sea. 

Hablé ya de las vilezas, de la humillación a la que expuesto, tienes que guardarte. Te mostré mis navajas. Atento. Nunca te apunte al cuerpo. Abro mi saco, mi gabán, y nuestros afilados y pulcros cuchillos relucen a la vista. Nosotros, nuestros, hablo así porque somos muchos por dentro. Mi maestría es la cirugía. Me he cambiado la cara cada vez que me encuentran. Afilo, apunto y atino. A ti no. No soy sino el que me he soñado. Alerta vigía porque mis herramientas desean traicionar mis cometidos. Mis propósitos, cuando encargué al orfebre todos estos utensilios de disección, fueron nunca ser el mismo. Esas fueron mis únicas y detalladas instrucciones. Estallar mi identidad, nunca reconocerme en el espejo, ni tener similitud a nada. En ello, me he dedicado con ahínco estos años que pasan como una nube de polvo que se levanta a mi paso. Nube que siempre me cubrirá hasta el día en que me ahogue y mis pulmones sean intransitables. ¿Inmortal? Nadie, y de toda la vida, excepto cuando hay que hablar de algo en especial. Prefiero vagar, ser una rueda sin motor que se mueve gracias al viento y la pendiente por la que se arroja, y a lo mejor a mis resquicios de voluntad interior. Mi intención, nunca ser. ¡Qué espanto! ¡Qué desilusión!

 

06

La vida está por siempre por hacerse. Nada está designado, nada está cantado, nada está contado. 

La pereza de esta resolana y la brisa que va estrellándose en el cristal. Salí a recoger unas cosas, de pronto, esto se convirtió en un paseo. Por siempre inacabado. Al subir al vehículo, con su chofer queriendo escapar todo el tiempo, y su cronómetro rítmico. Comprendo y me dejo llevar por la sensación general de malestar, comprendo y vivo el malhumor de todo este germen que bulle, que busca una salida. Que se desespera por desear algo que sea real, que no se consigue nunca, esta maldita desesperación por completar algo que nunca llega. 

Y sigo, sin nada, excepto con la ebriedad y el vértigo del ser. Me colma el impulso, me restituye a la propia vida. Y sigo, solo, con mis gatas que se adormecen junto a mí. 

Y entonces… Entonces todo explota como una gran masa acumulada, pasa como una ráfaga que se desperdiga. Y las semillas de todas las flores, que son miniaturas explosiones, llueven y te mojan con sus pétalos. Todo se fecunda como la última vez que ocurrirá. Tu cerebro, hay que recolectarlo en diversos encuentros, en diversos difuminados recuerdos. Alcanzo a cada imagen, en un devaneo de la memoria, la alcanzo vivida como la última vez, mi última voz. La barca en que me fundo con el paisaje. Esa mujer era un paisaje nunca explorado, nunca tocado por los pies de nadie ni de nada. Un paisaje que nunca volverá. Tarde comprendí que mis deseos volarían, que sólo soy capaz de ser rapaz en sueños, y de que necesito una tras otra emoción. porque de eso consta mi vida, de instantes briagos de soles, de baños empapados de sol. De estrellas que bailen una danza que gime y llora, lamenta haberse descubierto, tal vez, para siempre tarde, tal vez, para siempre temprano. Es un quizás que aún desconozco. Mi barca ha naufragado por un sin fin de fantasías, de fronteras extremas, exageradas. Vuelvo y revuelvo todas mis pasiones con la cordura de quien teje un manto olvidado en un recóndito placer de soñar. Me escondo, nunca salgo, ya nunca saldré, soy consciente de estar… de esta soledad acostada, colmada. Me ha atrapado y cautivado, me ha condenado a vivir sus armonías secas, sus plantas calmas, sus pautas raras. Escribo y no sé de que soy consciente, de mi extravío será. Si creo, no lo soy. Si creo, me debilito, porque creer es entregarse. Si invento, renazco en todas las flores de todos los sepulcros, de todas las tumbas que no descansan, inconsolables. Tumbas de… tambores corazones. Tumbas. 

El destino me ha traído hasta este momento en el que no soy. Este lugar secreto donde jamás seré, ni por azar, porque detesto la costumbre, y por ello seré… muerto, sin paz, ni gloria, ni remedio, ni perdón. 

Porque ser es ser silvestre, salvaje que acecha, como mis gatas, como esta noche que acecha, como esta noche que se aleja y pierde entre todas las noches eternas, furibundas, llameantes noches. 

Soy un cruce de caminos entre todos los caminos. Este lugar sin reposo, este lugar suspendido. Soy este lugar sospechado por los buitres que saquean todas mis suertes. Soy esta nausea que vomita en los perecederos valores de la civilización. Soy el desconocido que dobla la esquina y se pierde para siempre. Soy el descarnado que se tambalea después de haber recibido siete puñaladas y camina. Soy el que no vuelve ni por milagroso que parezca. Soy ese delgado grosor del hilo y una rueca que nunca se detiene. 

Intranquilo moriré entre la muchedumbre que pasará como un ejercito fanático, vehemente, seré aplastado por todas sus inercias, machacado por sus pies y sus ojos hipnotizados. Soy un sueño que no ocurrirá jamás.

 

07

Estoy por pensar que nadie me sacará más nunca a bailar. La noche otra vez se ha vuelto un asedio. Presiento que hay una suerte de monstruo al acecho. Que vive y crece en lo que le otorgo. Debo detener ese monstruo, debo detener su aceleración que es de una voracidad inmensa. Que roe mis huesos y no me suelta. Se llama deseo. Un demonio de deseos que respira como un parásito. 

Antes, he tratado de explicar lo que hacía. No tengo ninguna predisposición a nada. Lo que pasa en el mundo no me interesa, si lo volteo a ver, me aplasta. Cosa por la que nunca veo de buena gana ningún aspecto de la realidad. La apariencia de todo me revele sus caracteres, descifrables, efímeros. Que por lo demás miro con desprecio y un tedio infinito, miro su programa. PROGRAMA. (Vivo su gramática).  

Otros tienen otros vehículos. Yo tengo el de mis letras, que por lo demás, son y serán por siempre un engaño. La trampa irónica que pongo, en cada pulso que nombro. Haz de hacer un haz de ases. ¿Has visto?

Despierto cada vez de otro ensueño y no conozco evaluaciones para decir que uno sea mejor que otro. ¿El dolor, el placer? Los sueños son de distintas materias, informes, deformes, o imperfectos. Todos los días observo lo banal de nuestra cotidiana existencia, de lo que me consta. Me siento al filo de mi butaca y contemplo con poca emoción el ir y venir de todos, de todo, y carece de sentido. Sólo la música en mis oídos abre y cierra, distantes paisajes. Me quedo callado, porque no hay nada de que hablar. Una vez descubrí el secreto de volverme preciado, pero ese afán se dibujó con las mentiras de otros, con sus envidias. Llega el día en que no quiero exponerme. Llega el día en que los semblantes son meras sombras que pasan por mi ventana, en reflejos variados, todas sombras. En su teatro de sombras, originales movimientos absurdos. Contemplo como olas de mar que suben y bajan sin importancia, porque siempre son las mismas sonrisas o gestos que se adivinan horrendos. La palabra emitida en lo normal me parece un insulto, todo es ir de un lado a otro, para quedarse como un gato gordo en la sala de mis cigarrillos. Incesantes cigarrillos y duermevela. En ti, en lo que observo, todo se ha vuelto una queja insoportable, tu ser inconsolable, insatisfecho, repleto de acusaciones. No lo puedo oír, no quiero oírlo, sobre todo no lo quiero oír, me harta. ¿Venir a la vida a lamentarse? ¿Para estar en discordia vana? Pereza, me da tedio tu inútil pelea. Tu reproche continuo. Una enfermedad continua. Insaciable, insaciable. Otro transporte del odio. Insaciable, insaciable. Me obstino, soy encino, no quiero saber o enterarme de que también estoy enfermo, igual que todos. 

Esto es una farsa. ¿Cuanto puede durar? ¿Qué límites tiene? Nunca nadie me reconoció. No hay concilio. Pasé por el frente disfrazado, cauto, camuflado con el fondo. Alguien se sorprendió de encontrarme a medio de mi silencio. Ahora es que puedo escribir que no he sido, que he sido participe de la imaginación de otro. Su imaginación impar de mi persona. Me desdoblé y me perdí, todas las voces en fuga sin ser identificado. Vaya sensación de quedarme quieto en lo que todo se anima, teatro de marionetas en el que todos saben sus papeles, saben que van a decir y yo enmudezco por asombrarme singular, sin sentido, con los ojos abiertos a algo que de verdad no entiendo y no le veo sentido, lógica. Todas mis voces se reúnen y discuten con mi mutismo. Hay otro en mí que desea hablar y no sabe, no encuentra nunca la palabra para expresar el sin fin de historias, que, en medio de esta farsa quisiera contar. 

Amo el desorden, por sobre todas las cosas.

 

08

Es extraño ser. Nunca antes hemos sido. Al menos es de lo que tengo conocimiento. A veces pienso que todos ocultan un saber más profundo, y que me lo ocultan. Que me juegan una broma, y hacen sonrisas por frente a mi ignorancia. Se mofan de mi incredulidad. Ríen con sorna y yo nada sé. Al final me vuelvo a encontrar, después de dar vueltas, y sé que soy el que ríe. El que algo sabe aunque nada sepa. A pesar de toda la opresión que siento. Mi mente da vueltas, vaga, sin itinerario. ¿Por qué la vida, es a veces, sofocarse? Nadie te habla, todos pasan por el escenario que me da pánico. Que me hace enmudecer y me calla. Vaya, vaya, vaya, vaya. La soledad en mi guarida, con el sentir que puedo, que alcanzo a abarcar, sin saber si realmente nada existe. El vértigo la conmoción, el apogeo del universo. 

Porque soy el peor traidor de la irradiación de lo real. La magnética índole de los opuestos magnánimos me anuncia como palabras huecas. vacíos concomitantes. Surge un acantilado, con sus promontorios rocosos y el torrente, la fuerza de los mares impetuosa. La luz de todos los faros orientales signaran nuestras rutas, en las que entre que dijimos, entre mostramos nuestra alma desnuda. Mi tradición es negar que existimos. Y sin embargo el mundo se desenvuelve. No existimos, soñamos que existimos, viles, miserables, ausentes. Soy ignorante, por sobre todo me conozco en un cada vez. Una vez cada vez. Nada de absolutos. Cada vez, cada turno del tiempo irrevocable, perpetuo, eterno, mueve, estruja mis papeles. La noche furiosa, como música de un vendaval, de un tornado invisible que destroza los corazones de todas la cartas de mi destino, del tuyo. Todos buscamos algo que nunca encontramos, todos deseamos en lo que será insaciable. Como una gota de rocío sobre las flores, mi truco, intocable de tiempo. Mi ocio roto. La carne corrompida de mis caminatas diurnas, cuando el sol es una ave que pasa, que sobre vuela el valle de las lamentaciones. Escribir la última huída inmortal del cisne negro, preciadas visiones, ilusiones dementes. Las enunciaciones pérfidas que tumban, que estrellan el cielo negro, de perfumes, insondable. Quise ser, no pude, quise amar y mis besos fueron granos de azúcar que se diluyen en un café, que ascienden en el humo de un cigarro, humos que danzan una elevación perdida. Olvido mis presagios. Cristal de cielos estrellados. Todo conjuro efímero lo he enterrado. Bienvenido al sinuoso estremecimiento. Mis maletas de arena están listas. Certeza, alguna vez que no tengas tantos pendientes inútiles, ven, a mirar los desfiladeros, los abismos, la nada.

 

09

Saber escuchar en un cerebro que no sea el tuyo. El propio. Eso es ser un experto falsificador. Porque mi juguete favorito siempre ha sido el delirio. La conmoción que se puede producir en… Para mí son todos los nombres, que no son míos. Me quedo dubitativo, perplejo ante todas las imposturas de todo sistema, en sus términos huecos. Podría confeccionar si deseas hasta una religión, conspirar una revolución.

¿La voz? ¿Acerca de la voz, de donde vienen las voces, su origen, su nacimiento? Es extraño siquiera pronunciar. Unos le llaman alma, un reflejo, una gruta. Un puente entre la vida y la muerte. Quizás el arte de cantar sea el más difícil, decía B. Los ventrílocuos son sólo disimuladores. Ahí es otra cuestión, como de engendros, de muñeco macabro que porta una voz ajena y la boca cosida. Como cuando hablas en una caja de resonancia y rebotan los sonidos, en ecos. El muñeco no tiene vida, he pensado en eso, siniestro. Animas un móvil de otros deseos. ¿Otros? Es semejante al exorcismo de un artista. Habitado por sus fantasmas. Y esa mueca, su mirada fija. Una vez ví como fingía agonizar uno de esos títeres, de verdad se me heló la sangre. Era un niño. Alguna vez lo fui. Omití el yo. Omito el yo, es una aseveración, un día lo entenderás. Sujeto… 

Se pueden entender varias cosas, la redacción es una maravilla, ofrece tantos trucos. Tantos exquisitos malentendidos. La verdad es que me embeleso con cada minucia del tejido de la trama que he extendido en este paisaje inverosímil.

 

10

Falsario se levanta y se ríe frente a mí. Se retuerce de risa y sale de su boca algo inexplicable.

Erguido es una estatua de sal, que se disuelve agrieta y destruye entre las manos. No es una gran idea. Eso sí, detesta las idolatrías, las ideologías, esas construcciones inútiles que se levantan como seres torpes y desequilibrados. Bamboleos y liturgias. Lo que es la ley y fundamento. Nunca se informa de nada porque todo es vacío. El vacío lo ocupa, no se entera de nada porque es irrelevante, porque no significa nada en él, porque no sabría en que lugar ponerlo, porque no le interesa, porque no corresponde con nada de su lugar perdido. 

Falsario es un tipo lastimado y dolido, ha corrido. Huido. No se ha ocupado, ha estado yendo y viniendo, sin ningún destino, de aquí para allá deambulando, sin preocupaciones. Errático. 

No le alcanza ni para levantarse por las mañanas. Ve una mujer hermosa por la calle, se detiene y le dice: Vaya, si que eres hermosa y no nos alcanza para el próximo suspiro, para la próxima noche, para que seamos tu y yo juntos, un día y una noche. Una semana, una nada.  

Falsario es un tipo que no tiene ni un quinto para sobrevivir, hubiera deseado ser abogado y cobrar esos 5000 del águila. 

Va con pinta que hace pensar que es de alcurnia. De buena familia que lo quiere. Aristócrata. Rentista. De amigos, que van y vienen como ráfagas de una ventisca que lo agita, siendo una bandera desgarrada enorme que ondea contra un cielo inmenso, una nada que no cabe en su pecho. 

Se levanta los días frente al espejo de sus recuerdos que se desvanecen en un humo que no muestra coordenadas, infinitos vagos que lo sumergen en eso que no le alcanza. Se trata de buscar una libertad que nunca ha perdido y que no hay que obtener por ningún medio. Una libertad de respiro, en el sueño de sus imaginaciones inexistentes, de sus mentiras felizmente tristes. 

Porque de ello vive mientras muere, entre los sacos de una bodega en un navío encallado en su soledad, varado para siempre. Nunca breve, asesta golpes a los sacos de arroz, para ver si alguien en el fondo de esa almohada nube, que reposa en el salón de mullidos asientos viendo a lo eterno despierta. 

Corto un clavel, vida que se escapa deshojándose, libro arrancado entre los otros suspiros de mi oración.

 

11

Me es necesario, sino imprescindible mentir. Miento, miento, siempre miento. Estoy contento. Si supieras lo que es mi vida. Enloquecerías. Te defraudaría. Porque soy un fraude. ¿Lamentable? No lo sé. Me encuentro más maravilloso y maravillado que el singular de casi todas las muertes. ¿Alarde? Luz, luz bella, luz emancipa a los mortales, dales de beber a los sedientos y ya que se callen. ¿Llorar? A veces, cuando se me muere un ganso o las mariposas se pelean con las rosas. Cuando todo es violencia y un reguero de pétalos sangrientos. 

Hagamos un círculo de piedras para no dejar entrar a las serpientes. Subamos a las ramas. Tormenta y rayos de luz que entran, se cuelan entre las nubes, claro oscuro. Así soy, así soy, extremo como el desierto. Arena y sol. Tengo todo porque no tengo nada. Prefiero mi noche que los días interminables de la rutina. Nunca me despierten. Abro mi corazón como una flor que se desintegra, que se desgrana, como sin poder contener un río de polvo estelar. 

Humo de mi fuego lleva al tránsfuga a su destino. Parvada de pájaros negros ahuyenten el augurio de mi atroz remolino. Dos cuervos negros en el torbellino de la vida, mi interminable torbellino. ¿Tentaciones inmortales? Todos vamos rumbo al ombligo, no temas. A la madre, a la madre, a la madre le vamos a cantar. Señora negra oscura llena de luz. No seas imprudente querido. Que el que se va al manicomio es otro. El que se estrella en las paredes blancas del hospicio es otro. El que ve dibujarse diagramas y apariciones, el que al final se tiene que devolver escéptico y cauteloso es otro. 

Nuestra mente es un misterio, irresoluble. No lo oyen, no lo entienden, irreflexivos, inflexibles. Azúcar. Sal. 

En la figura oculta se puede colocar cualquier hombre. No hay identidad. El disfraz en el que caben los hombres. El molde en el que se solidifican sus fantasías. ¿Te has fijado en lo áspero y duro de los hombres? ¿En la ruina que construyen? Y no tiemblan, no tiemblan. 

-A mí bórrame. En mi vida yo no existo. Tomaré unas vacaciones de mí.- Y se disparó entre ceja y ceja. Ella cogió su valium y lo ingirió.

 

12

No hagas ruido. No hagas ruido. Silencio. Silencio. Nada ha ocurrido, ni ocurrirá jamás. El agua del mar llega, te alcanza, te toca los pies. No hagas ruido. Silencio. El viento te toca el oído. El rocío te toca los párpados. Silencio. Sileeeeeencio. No hagas nada para nada. No hagas ruiiiiiido. Se oye el río. Si el río suena, es que agua lleva. Sileeeeeencio. No hagas ruiiiiiido. Calma, calma, tranquilo. Que se me cae el sueño de las manos. Calma, calma, tranquilo. No temas, no te angusties. Calma, calma, tranquilo. Qué incómoda es esta farsa.

 

Todo mundo está escandalizado. ¿Qué va a ser de este mundo? Y luego, si Romueldito llega a pensar que esto es verdad. ¡Semejante cosa! ¡Barbaridad! 

Gustavo A. Rodríguez Nava, México D.F. 2011

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